Falleció Mons. Rinaldo Fidel Bredice

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Monseñor Rinaldo Fidel Bredice falleció el 14 de abril, a las 2.45 en la Clínica Argentina, de la ciudad pampeana de General Pico, donde esta internado desde hace unos días, confirmó la comunidad franciscana. Los restos del obispo emérito de Santa Rosa son velados en la parroquia de la Inmaculada Concepción, de la localidad de Intendente Alvear, hasta su traslado a la catedral Santa Rosa de Lima, donde continuará el velatorio hasta la misa exequial y su posterior sepultura en este templo. 

La misa exequial tendrá lugar el próximo lunes 16 de abril, a las 12, en la catedral Santa Rosa de Lima.

El obispo de Santa Rosa, monseñor Raúl Martín, el presbiterio, los consagrados y consagrados, y la comunidad diocesana dieron gracias “por la vida de quien fue su pastor (1992 – 2008)” y piden oraciones por su memoria. 

Una vida de pastor y al servicio de la Iglesia 

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Nació en la localidad de Tortugas, provincia de Santa Fe, el 11 de septiembre de 1932. 

En la iglesia Nuestra Señora del Valle, del pueblo Tortugas, recibe la primera comunión de manos del siervo de Dios Victorino Fiz Galende, cura párroco de la parroquia Nuestra Señora de las Mercedes, de la localidad de Montes de Oca, en 1939. 

Realiza sus estudios en el Seminario Diocesano San Carlos Borromeo. Recibe la ordenación presbiteral, en la iglesia catedral Nuestra Señora del Rosario, de manos del cardenal Dr. Antonio Caggiano, obispo de Rosario, el 22 de diciembre de 1956. 

Celebra la primera Misa en la parroquia San Pedro Apóstol, de la localidad de Cañada de Gómez, donde se ha trasladado su familia, el 30 de diciembre de 1956. 

Es capellán del Colegio Mayor Universitario León XIII en la ciudad de Rosario. 

Se desempeña como vicario parroquial de la parroquia Nuestra Señora de la Merced, de la ciudad de Rosario. 

Inicia la comunidad de fieles de la capilla Nuestra Señora de Fátima en Villa Manuelita, barrio marginal de la parroquia arriba citada. La capilla es elevada al rango de vicaría parroquial en 1963 y sede parro

quial el 7 de octubre de 1973, perma

nece en esta parroquia hasta el año 1992. 

Es designado profesor de Teología Pastoral en la sección Teólogos del Seminario Arquidiocesano San Carlos Borromeo. 

Es capellán del Regimiento 11 de Infantería Gral. Las Heras, luego conocido como Batallón de Comunicaciones 121 y 161, de la ciudad de Rosario, hasta 1992. 

Es asesor del Consejo Arquidiocesano de los Hombres de Acción Católica durante los años 1970 -1992. 

Es designado vicario general de la di

ócesis de Santa Rosa, La Pampa, el 5 de agosto de 1985. 

El Colegio de Consultores lo elige administrador diocesano de la diócesis de Santa Rosa, La Pampa, en junio de 1991. 

Es elegido obispo de Santa Rosa por san Juan Pablo II el 31 de enero de 1992. 

El 19 de marzo de 1992 en iglesia catedral Santa Rosa de Lima, de la ciudad de Santa Rosa, provincia de La Pampa, recibe la consagración episcopal de manos de monseñor Rómulo García, arzobispo de Bahía Blanca, quien es el consagrante principal y de manos de los co-consagrantes: monseñor Jorge Manuel López, arzobispo de Rosario, y monseñor Ubaldo Calabresi, arzobispo titular de Fondi y nuncio apostólico en la Argentina. Su lema episcopal es Cristo ayer, hoy y siempre. 

Toma de posesión de la sede episcopal de Santa Rosa el mismo día 19 de marzo de 1992. Bendice e inaugura el monasterio de monjas carmelitas descalzas Santa María de la Pampa el 19 de marzo de 1994. Concluye la fachada de la iglesia catedral de la ciudad de Santa Rosa. 

Entroniza una imagen de Santa María de la Pampa en la Legislatura Provincial el 20 de octubre de 1995; en la ermita dedicada en su honor, en la denominada Plaza Seca de la ciudad de General Pico, provincia de La Pampa, en el año 1998; en la Municipalidad de Arata, provincia de La Pampa, el 29 de agosto de 1998; en el atrio de la catedral Santa Rosa de Lima el 16 de octubre de 1998 

Durante su gobierno episcopal tiene lugar el I Congreso Misionero Nacional en la ciudad de Santa Rosa, La Pampa, bajo el lema Argentina, con Cristo sal de tu tierra durante los días 10 -12 de octubre de 1997. 

Es elegido presidente de la Comisión Episcopal para la Pastoral de la Salud y subdelegado suplente de la Región Pastoral Platense para el período noviembre de 2002 – noviembre de 2005 en el mes de noviembre de 2002. 

Celebra el número 25.000 de Misas celebradas desde su ordenación presbiteral y el aniversario de su consagración episcopal en la iglesia catedral Santa Rosa de Lima el viernes 18 de marzo de 2005. 

Recibe la visita de monseñor Adriano Bernardini, arzobispo de Faleri y nuncio apostólico en la Argentina, con motivo del día del Pontífice en el mes de junio de 2006. 

Con motivo de la celebración de las bodas de oro de la erección canónica de la diócesis de Santa Rosa, se inicia la peregrinación de la imagen de Santa Rosa de Lima por toda la diócesis. La imagen es acompañada por el obispo diocesano. 

Consagra el templo y del altar de la capilla Santa María de la Pampa del monasterio Santa María de la Pampa de las monjas carmelitas descalzas el 12 de noviembre de 2006. 

Celebra sus bodas de plata presbiterales el 22 de diciembre de 1981. 

Celebra sus bodas de oro presbiterales en la santa Misa concelebrada en el Seminario Arquidiocesano San Carlos Borromeo y tuvo a su cargo la homilía el martes 5 de septiembre de 2006. Las festeja en la catedral Santa Rosa de Lima, de la ciudad de Santa Rosa, el 16 de septiembre de 2006 y también las celebra en la parroquia Nuestra Señora de Fátima, del barrio Villa Manuelita, de la ciudad de Rosario, de la cual es fundador en el año 1956 en la humilde capillita de adobe y paja, y primer cura párroco, el sábado 2 de diciembre de 2006. 

Presenta la renuncia al cargo de obispo diocesano el 11 de septiembre de 2007. Se le acepta la renuncia a la sede episcopal de Santa Rosa de La Pampa y es designado administrador apostólico por el Papa Benedicto XVI el 24 de junio de 2008. 

Fija su residencia en la ciudad de Rosario en el año 2008 y, posteriormente, en la ciudad de Cañada de Gómez, arquidiócesis de Rosario , luego, en el convento Inmaculada Concepción, de los Frailes Capuchinos Recoletos de la ciudad de Intendente Alvear, provincia de La Pampa.+ 

Exequias presididas por Mons. Raúl Martín en intendente Alvear

Algo de formación permanente sobre vida consagrada

frailes franciscanos congreso
(Preparando el Año sobre vida consagrada proclamado por el Papa Francisco)

Llegó un artículo interesante, parte del mismo es el que compartimos:


Al obispo toca armonizar la diversidad de carismas en la unidad de la Iglesia.

Particularmente luego del Concilio Vaticano II, diríamos que, casi como una “explosión”, surgieron en las iglesias nuevos movimientos de apostolado, nuevas formas de vida consagrada y numerosísimas nuevas congregaciones religiosas. Este coincidente despertar de carismas y los frutos de santidad y apostolado que han venido produciendo, no pueden sino manifestar la permanente acción del Espíritu Santo que, por el bien de las almas, sopla donde quiere (Jn 3,8). No obstante, algunas de estas nuevas realidades suscitaron cierta “tensión” dentro de la Iglesia, tal vez a causa de su novedad, de algunas imprudencias o de incomprensiones humanas. BENEDICTO XVI, el 15 de septiembre de 2010, recibió en audiencia a los nuevos Obispos de todo el mundo, consagrados durante el último año, y les dirigió una alocución, en la que vuelve sobre este tema, y los exhorta a recibir con gratitud en sus Diócesis los carismas que el Espíritu Santo quiera suscitar y a discernirlos con sabiduría, para favorecer la fecundidad y santidad de la Iglesia. Advierte a los Obispos que NO EXTINGAN LOS CARISMAS QUE DIOS SUSCITAS, aunque lógicamente a ellos – como sucesores de los apóstoles- está reservado el distinguirlos, ordenarlos y examinarlos.

“Hoy quisiera reflexionar brevemente con vosotros sobre la importancia de la acogida, por partes del Obispo, de los carismas que el Espíritu suscita para la edificación de la Iglesia.
La consagración episcopal os ha conferido la plenitud del sacramento del Orden, que, en la comunidad eclesial, se pone al servicio del sacerdocio común de los fieles, de su crecimiento espiritual y de su santidad.

(…) Los Obispos tienen el deber de vigilar y actuar para que los bautizados puedan crecer en la gracia y según los carismas que el Espíritu Santo suscita en sus corazones y en sus comunidades. El Concilio Vaticano II recordó que el Espíritu Santo, mientras unifica en la comunión y en el ministerio de la Iglesia, la provee y la dirige con diversos dones jerárquicos y carismáticos y la embellece con sus frutos (cfr. Lumen Gentium, 4). La  Jornada Mundial de la juventud en Madrid ha mostrado, una vez más, la fecundidad de los carismas en la Iglesia, concretamente hoy, y la unidad eclesial de todos los fieles reunidos en torno al Papa y a los Obispos. Una vitalidad que refuerza la obra de evangelización y la presencia de Cristo en el mundo. Y vemos, podemos casi tocar, que el Espíritu Santo, todavía hoy, está presente en la Iglesia, que crea carismas y unidad.”

“El don fundamental que estáis llamados a alimentar en los fieles confiados a vuestro cuidado pastoral es, antes que nada, el de la filiación divina, que es la participación de cada uno en la comunión trinitaria. Lo esencial es que nos convertimos verdaderamente en hijos e hijas en el Hijo. El Bautismo, que constituye a los hombres “hijos en el Hijo” y miembros de la Iglesia, es raíz y fuentes de todos los demás dones carismáticos (…) de hecho, debemos tener siempre presente que los dones del Espíritu, por extraordinario o sencillos y humildes que sean, se donan gratuitamente para la edificación de todos. El Obispo en cuanto signo visible de la unidad de su Iglesia particular (cfr. Ibid.,23), tiene el deber de unificar y armonizar la diversidad carismática en la unidad de la iglesia, favoreciendo la reciprocidad entre el sacerdocio jerárquico y sacerdocio bautismal.”

“acoged por tanto, los carismas con gratitud ¡por la satisfacción de la Iglesia y la vitalidad del apostolado! Y esta acogida y gratitud hacia el Espíritu Santo, que trabaja también hoy entre nosotros, son inseparables del discernimiento, que es propio de la misión del Obispo, como ha afirmado el Concilio Vaticano II que ha confiado al ministerio pastoral el juicio sobre la autenticidad de los carismas y sobre ordenado ejercicio, sin extinguir el Espíritu, pero examinado y teniendo en cuenta lo que es bueno (cfr ibid., 12).”

“Esto me parece importante: por una parte no extinguir, pero por la otra distinguir, ordenar y tener en cuenta examinado. Por esto debe estar siempre claro que ningún carisma dispensa de las referencia y de la sumisión a los Pastores de la Iglesia (cfr.exhort.apost.Christifideles laici, 24). Acogiendo, juzgando y ordenando los diversos dones y carismas, el Obispo realiza un gran y precioso servicio al sacerdocio de los fieles y a la vitalidad de la Iglesia, que resplandecerá como esposa del Señor, revestida de la santidad de sus hijos.”

“este ministerio articulado y delicado, exige al Obispo alimentar con cuidado su propia vida espiritual. Solo así crece el don del discernimiento. Como afirma la exhortación apostólica Pastores gregis, el Obispo se convierte en “padre” ya que es plenamente “hijo” de la Iglesia (n°10). Por otra parte, en virtud de la plenitud del sacramento del Orden, es maestro, santificador y Pastor que actúa en nombre y en la persona de Cristo. Estos dos aspectos inseparables lo llaman a crecer como hijo y como Pastor en la persona de Cristo, de modo que su santidad personal manifieste la santidad objetiva recibida con la consagración episcopal, para que la santidad objetiva del sacramento y la santidad personal del Obispo vayan unidas”.

Una reflexión del Beato Card. Newman

Beato Card. NewmanSi examinamos cuidadosamente cómo ha sido el curso del cristianismo desde el principio, sólo veremos una serie continua de dificultades y desórdenes de todo tipo.
Cada siglo se parece a todos los demás y a todo los que viven en un siglo determinado, siempre les parecerá que todo es peor comparado con todos los que lo precedieron. La Iglesia siempre se muestra como enferma y si acaso permanece, siempre languidece débilmente “llevando siempre por doquier en el cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en su cuerpo” (II Cor. 4:10).
En todo tiempo, siempre, parece que la religión se termina, da la impresión de que los cismas se multiplican, que la luz de la Verdad empalidece, sus adherentes desperdigados.
Siempre, en todo tiempo, la causa de Cristo se halla en su última agonía, como si sólo fuera cuestión de tiempo y cualquier día de estos desfallecerá para siempre. En todo tiempo, siempre, pareciera que prácticamente no hay santos ya que la Parusía de Cristo está a la vuelta de la esquina; y de esta manera el Día del Juicio siempre aparece como inminente; y constituye nuestro deber estar siempre vigilantes y aguardándolo expectantes; y nunca mostrarnos desilusionados porque a pesar de anunciarlo tan a menudo diciendo “ahora sucederá”, luego sucede que, contrariamente a lo que creíamos, la Verdad de algún modo se recupera.
Así es la Voluntad de Dios, que reúne a sus elegidos, primero a uno, y luego a otro, poco a poco, en los intervalos de buen tiempo que hay entre tormenta y tormenta, o bien rescatándolos de los oleajes de la iniquidad, incluso cuando las aguas se muestran más furiosas que nunca.
Bien pueden los profetas lanzar voces diciendo: “¿Hasta cuándo, Señor, hasta cuándo continuarán estas cosas que no comprendemos? ¿Hasta cuándo seguiremos contemplando estos misterios de iniquidad? ¿Cuánto más durará este mundo moribundo, apenas sostenido por pálidas luces que luchan por sobrevivir en medio de esta atmósfera tenebrosa?”.
Sólo Dios sabe el día y la hora cuando aquello, finalmente, sucederá, aquello con que Él siempre está amenazando; y entretanto, podemos obtener mucho consuelo considerando lo que ha sido en antes—y así nunca desalentarnos, nunca desmayar, nunca dejarnos ganar por la ansiedad al contemplar los males que nos rodean. Siempre ha sido así, siempre lo será; es lo que nos toca en suerte.

Alzan los ríos, Yahvé, alzan los ríos su voz;
alzan las olas su fragor.
Pero, más poderoso que la voz de las muchas aguas,
más poderoso que el oleaje del mar,
es Yahvé en las alturas. (Ps. 92:3-4).

(Lectures on the Prophetical Office of the Church
Lecture 14: On the fortunes of the Church).

Consagran el Estado Vaticano a San José y a San Miguel Arcángel

Francisco junto a Benedicto XVI

Francisco junto a Benedicto XVI

Ciudad de Vaticano (AICA): El santo padre Francisco comenzó sus actividades públicas esta mañana inaugurando la estatua de San Miguel Arcángel, protector de la Iglesia Universal y patrono del Estado de la Ciudad del Vaticano, en la plaza de la Gobernación. El Papa, además de inaugurar este nuevo monumento, procedió a la consagración del Estado de la Ciudad del Vaticano a San José y a San Miguel Arcángel. Poco antes del inicio de esta ceremonia llegó Benedicto XVI, invitado por el pontífice, que fue saludado con gran afecto por los presentes. Este monumento, que supera los cinco metros de altura, se configura en un grupo escultórico realizado en bronce con la técnica de la fundición a la cera perdida. El basamento ha sido realizado en travertino romano, ideado también por el artista y caracterizado por la presencia de bajorrelieves en bronce. Imprimir Enviar por mail | Compartir: El santo padre Francisco comenzó sus actividades públicas esta mañana inaugurando la estatua de San Miguel Arcángel, protector de la Iglesia Universal y patrono del Estado de la Ciudad del Vaticano, en la plaza de la Gobernación. El Papa, además de inaugurar este nuevo monumento, procedió a la consagración del Estado de la Ciudad del Vaticano a San José y a San Miguel Arcángel. Poco antes del inicio de esta ceremonia llegó Benedicto XVI, invitado por el pontífice, que fue saludado con gran afecto por los presentes. Inmediatamente llegó el papa Francisco quien abrazó con afecto a Benedicto XVI; ambos permanecieron juntos durante toda la ceremonia. En primer lugar, el cardenal Giuseppe Bertello, presidente de la Gobernación, saludó brevemente; a continuación, el cardenal presidente emérito, Giovanni Lajolo, ilustró el significado del nuevo monumento y de la fuente dedicada a San José, que fue inaugurada anteriormente. Seguidamente, el Santo Padre pronunció una alocución y rezó dos oraciones de consagración, y para terminar impartió la bendición apostólica a toda la asamblea. La escultura del Arcángel San Miguel, que está colocada en un área de los jardines vaticanos cerca del Palacio de la Gobernación, es una obra monumental comisionada por el presidente emérito de este dicasterio, el cardenal Giovanni Lajolo, para celebrar al Arcángel Miguel, defensor principal de la fe y custodio universal de la Iglesia. Su autor es el artista Giuseppe Antonio Lomuscio, ganador del concurso internacional convocado por la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano, según el juicio autorizado de una Comisión de expertos presidida por el director de los Museos Vaticanos, el profesor Antonio Paolucci. Este monumento, que supera los cinco metros de altura, se configura en un grupo escultórico realizado en bronce con la técnica de la fundición a la cera perdida. El basamento ha sido realizado en travertino romano, ideado también por el artista y caracterizado por la presencia de bajorrelieves en bronce. Entre los presentes en la ceremonia de inauguración cabe destacar, además la presencia de los artistas autores del nuevo monumento (Giuseppe Antonio Lomuscio) y de la fuente (Franco Murer), los benefactores que han sostenido esta realización y el personal de la Gobernación.